EDUCACIÓN SUPERIOR Y DESERCIÓN

Todos los años se comenta en la prensa en general la  severa realidad de nuestra educación superior y se reclama por una futura aprobación de políticas públicas que eviten la deserción universitaria. Esto visualiza la necesidad de políticas públicas en el largo y corto plazo para dar una solución integral a este improrrogable problema.

Existen innumerables causas que se atribuyen a la deserción universitaria, pero a final de cuentas los alumnos demoran en graduarse, sus aportes a la sociedad se realizan con años de desfase y en definitiva el que más que pierde es el país.

Los países desarrollados han mantenido políticas públicas consistentes y sostenidas en el tiempo desde antiguo. En efecto, la educación parvularia y básica ha sido desarrollada conforme a consideraciones técnicas y ha sido la mejor inversión por su innegable éxito, ya que una vez formado el alumno en conocimientos básicos, en formas de aprendizaje, disciplinas de estudio, etcétera, su saber y sentido de responsabilidad le permiten enfrentar sus estudios posteriores sin dificultades.

Sin embargo, en los tiempos actuales, en Chile son las universidades las que deben recuperar o nivelar a los alumnos en términos de conocimientos, ausencia de métodos de estudio, etcétera, y se deja la responsabilidad de calificar sus éxitos en las Agencias de Acreditación, las cuales deben asumir los desafíos. En este plano no es misterio que las Agencias solo dirán verdad de lo que verifiquen. No es un misterio encontrar cursos de Nivelación o Remediales para suplir las deficiencias de una educación incompleta en los tiempos medios.

Se debe señalar que las universidades tradicionales escogen a la élite, por la poderosa demanda que existe sobre sus cupos. Por ende, las universidades que reciben a los alumnos carenciados deberán asumir como costos propios la necesaria nivelación de estos estudiantes, haciendo dura realidad del hecho que mientras más carenciados, mayores serán los costos de recuperarlos.

La nivelación, con todo el peso del diferencial de costos de estos alumnos que desean surgir, pero que el sistema actual en su estructural inequidad no les ha entregado la oportunidad, obliga a que estos sean asumidos por las universidades que los reciben, y dado que no buscan el lucro, tampoco tienen de dónde deducirlos, por lo que deben llevarlos al precio de la colegiatura.

En suma, se requiere una política de corto plazo que favorezca en términos de costos a las universidades que han optado por recibir a aquellos alumnos a quienes el sistema educacional vigente no ha privilegiado.


Martín Garrido Araya
Directo
Centro de Estudios Cervantinos
 

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